Qué hacer ante una hemorragia

11-12-2017

La hemorragia, o pérdida de sangre, es una de las complicaciones más frecuentes que se asocian a los fármacos anticoagulantes del tratamiento anticoagulante oral.

La pérdida de sangre puede ser muy aparatosa en algunos casos, pero la mayoría de las veces son hemorragias leves que no suponen un gran problema para el organismo. Pero si la hemorragia no se detiene, estaríamos ante una situación de riesgo en la que serían necesarias medidas eficaces para detenerla.

Bajo ningún concepto hay que suspender el tratamiento anticoagulante por cuenta propia. Lo que se deberá hacer es acudir a un centro médico, siempre y cuando la hemorragia sea de proporciones considerables como para necesitar la atención y el asesoramiento adecuado.

Hay que tener en cuenta que una persona anticoagulada no presenta hemorragias espontáneas a causa de una mala coagulación de la sangre, si no que siempre tiene que haber una lesión que la provoque. Lo que si puede afectar a la hemorragia es la duración y la abundancia de esta.

Entre las hemorragias que no requieren un tratamiento excesivo encontramos: hemorragia conjuntival debido a la fragilidad de los capilares, hemorragia nasal debido a una congestión nasal cuando el ambiente es seco y la mucosa está reseca, sangrado de las encías debido a la fragilidad del tejido blando o hematomas cutáneos pequeños debido a la fragilidad de los capilares.

Ahora bien, hay ciertas situaciones que requieren una asistencia urgente debido a su localización o cantidad de sangre perdida, ya que pueden comprometer la vida de la persona. Y normalmente obligan a suspender el tratamiento anticoagulante. Éstas son: pérdida brusca de visión, sangrado nasal que no se detiene, esputos con sangre y vómitos con sangre, heces de color negro y pastosas (que indican una hemorragia en el interior del intestino), hemorragias ginecológicas severas y sangre en la orina.

Qué debemos hacer

hemorragia

En definitiva, si la persona bajo un tratamiento anticoagulante oral ha tenido un episodio de sangrado, lo primero es detener la hemorragia en la medida de lo posible, ya sea por cuenta propia o con ayuda de especialistas. Por ejemplo, algunas recomendaciones no farmacológicas para detenerla son:

– Mantenir la zona de la lesión per encima del nivel del corazón, en la medida de lo posible

– Presionar la zona con una gasa estéril (o cualquier otro objetivo, como un trozo de tela o toalla, pero que sea estéril o esté limpio para evitar infecciones)

– Si se puede, aplicar frío local en la zona (como agua fría constante o hielo)

Y lo segundo, comentárselo al médico en el siguiente control rutinario para valorar el estado de la persona afectada y, dependiendo siempre del tipo del episodio, plantear un reajuste de la dosis del tratamiento.

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