Complicaciones del tratamiento anticoagulante oral

27-11-2017

Como en todo tratamiento para una enfermedad, existen algunas complicaciones asociadas que deberían tenerse en cuenta. hemorragia internaY el caso del tratamiento anticoagulante oral no es una excepción. Por eso es importante seguir las indicaciones del médico para llevarlo a cabo correctamente y evitar estos problemas.

La complicación más frecuente, y seguramente la más grave, relacionada con los fármacos anticoagulantes es la hemorragia. Ésta se asocia principalmente con la dosis del fármaco, la duración del tratamiento, los antecedentes hemorrágicos previos de la persona bajo este tipo de terapias y su edad (con mayor riesgo los mayores de 75 años).

La mayoría de las veces son hemorragias leves y con pocos problemas. Pueden aparecer: sangrado por la nariz, sangrado por las encías con el cepillado dental, moratones en la piel, pequeñas hemorragias en la parte blanca del ojo o esputos manchados de sangre.  Si aparece sangrado en la orina o en las heces, debe comunicarse siempre al especialista. Cabe destacar que si se produce una lesión en una de estas partes del cuerpo, la hemorragia será más importante, ya que el tratamiento condicionará el tipo de sangrado.

Las heparinas de bajo peso molecular presentan una tendencia menor a complicaciones hemorrágicas, pero pueden afectar a la persona bajo el tratamiento anticoagulante si tiene una reacción de hipersensibilidad a estos fármacos. Además, existe una baja adherencia al tratamiento anticoagulante con estos tipos de fármacos por el hecho de que la persona debe administrarse una inyección una o dos veces al día.

En algunos casos, se puede optar por descartar un tratamiento anticoagulante oral por sus claras complicaciones, como son la existencia de una hemorragia activa (interna, digestiva o urinaria) o de una herida quirúrgica reciente. Durante el embarazo también se recomienda detener el tratamiento anticoagulante oral, ya que podría ocasionar malformaciones en el feto, y sustituirlo por heparina.

Para evitar en la medida de lo posible estas complicaciones, es muy importante medir y controlar el valor del INR periódicamente. El riesgo de complicaciones aumenta con una mala calidad de los controles y con controles demasiado espaciados en el tiempo. Si el INR es menor que 2, existe un mayor riesgo de trombosis o embolias. En cambio, si es mayor que 4, existe un mayor riesgo de sangrado más abundante.

Conociendo este valor se puede adaptar la dosis del tratamiento y garantizar su eficacia. Pero hay que tener en cuenta que puede haber excepciones particulares porque cada paciente es diferente y puede necesitar un trato personalizado. Por eso mismo siempre es conveniente seguir las indicaciones del especialista en cuanto al tratamiento.

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