Tratamiento anticoagulante para la Enfermedad Tromboembólica Venosa

26-09-2017

Enfermedad tromboembólica La trombosis venosa es la tercera causa de muerte cardiovascular después del infarto de miocardio y el ictus. Sin embargo, se puede prevenir y tratar. Cuando hay una pérdida de sangre, el mecanismo de defensa del cuerpo es crear un trombo o coágulo de sangre para detener el sangrado. Pero si este coágulo […]

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Enfermedad tromboembólica

La trombosis venosa es la tercera causa de muerte cardiovascular después del infarto de miocardio y el ictus. Sin embargo, se puede prevenir y tratar.

flujo sanguíneo

Cuando hay una pérdida de sangre, el mecanismo de defensa del cuerpo es crear un trombo o coágulo de sangre para detener el sangrado. Pero si este coágulo crece o se fracciona dentro del sistema venoso, puede interrumpir el flujo sanguíneo de una zona concreta. Este hecho puede causar diversas alteraciones, como la enfermedad tromboembólica venosa (ETV).

Cuando se produce una trombosis, del tipo que sea, el objetivo principal del tratamiento es el de disolver el trombo y restablecer el flujo sanguíneo para evitar mayores complicaciones. Cuando se forma un trombo, raramente se elimina por completo. En cambio, éste reduce su tamaño poco a poco y va cicatrizando, hasta que la vena o arteria obstruida recupera su flujo habitual.

Posibles tratamientos

Existen diferentes tipos de tratamiento, pero el principal es el tratamiento con anticoagulantes. Estos fármacos, ya sean anticoagulantes inyectables u orales, tienen como objetivo retrasar el tiempo de coagulación de la sangre para que el trombo o coágulo no se forme o no siga creciendo dentro de los vasos sanguíneos y pueda provocar la obstrucción de la circulación normal de la sangre.

Es fundamental que las personas bajo un tratamiento anticoagulante oral diagnosticadas con esta enfermedad mantengan un valor del INR entre 2 y 3,5. Si el índice INR está por debajo de 2, existe un mayor riesgo de trombosis; mientras que, si está por encima de 4, hay mayor riesgo de hemorragia. En aquellos casos que exista un mayor riesgo de sangrado, el médico será el encargado de valorar la viabilidad del tratamiento, aumentando o disminuyendo el rango óptimo del INR según el caso de cada persona.

Los anticoagulantes inyectables se prescribirán cuando exista sospecha de trombosis, incluso antes de confirmar el diagnóstico, como método de prevención. También pueden aplicarse cuando la persona tenga uno o varios factores de riesgo que podrían desencadenar en tromboembolismo venoso inminente (como después de una cirugía de reemplazo de cadera o rodilla). Es importante tener en cuenta que una persona que ha necesitado una cirugía de este tipo no deberá estar bajo un tratamiento anticoagulante oral de por vida, si no solo el tiempo que pueda estar en riesgo tras la operación. También se pueden usar como terapia de mantenimiento cuando la anticoagulación oral está contraindicada, por ejemplo, durante el embarazo.

Los anticoagulantes orales se utilizan como tratamiento de uso más prolongado y se administran ante la confirmación del diagnóstico de la trombosis venosa profunda. Tanto pueden usarse los anticoagulantes antagonistas de la vitamina K (AVK) o los anticoagulantes orales directos (de nueva generación).

Seguimiento médico

Es muy importante seguir las indicaciones del médico para el correcto tratamiento anticoagulante, sea del tipo que sea, y mantenerse dentro de los valores del INR recomendados para evitar posibles complicaciones.

Fuente: Enfermedad tromboembólica venosa elaborado por la Federación Española de Asociaciones de Anticoagulados (Feasan), Tromboembolismo venoso por la Clínica Universidad de Navarra (CUN)

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